Está en la red, al alcance de cualquiera.
Me alegra que el confidencial lo haya difundido.
Marruecos es un polvorín que no deja de gastar dinero en armas.
La diferencia en renta per cápita de un lado a otro de la valla en Ceuta y en Melilla es la mayor del mundo.
El principal problema --“nuestro” problema-- no es una “revolución” en Marruecos.
Nuestro problema es que --como los generales Argentinos en Malvinas o como su padre en 1975-- Mohammed VI decida encauzar la tensión política interna hacia un “enemigo” exterior.
La población marroquí es tan joven como en los demás países de la región --con un tercio de la población entre 15 y 29 años de edad-- pero con mayor nivel de desempleo de los jóvenes de Túnez o de Egipto.
Los número no salen.
Cada año son casi tres veces más las personas que acceden al mercado laboral.
La presión es enorme.
Mohammed VI ve el riesgo de la ira popular y se precipita con promesas de reforma política y también en un gasto público tan enorme como la presión que recibe.
Recientemente, el salario mínimo ha sido subió un 15 por ciento, más de 3.400 “diplomados en paro” han recibido trabajo en la administración.
El empleo público ha registrado el más alto aumento en la historia de Marruecos (hasta un 35 por ciento en algunos casos).
Buena parte ha ido a engrosar las filas del ejército.
El fondo estatal de igualdad, cuya misión es mantener bajos los precios de productos básicos de consumo (y con ellos, el descontento político), ha visto cómo su presupuesto se multiplicaba casi por tres.
Según el economista marroquí
Fuad Abdelmoumni, este gigantesco gasto es insostenible a medio plazo.
Marruecos no es rico en petróleo y su economía aún depende en gran medida de fuentes volátiles tales como transferencias de dinero de emigrados, la inversión extranjera y el turismo (por no hablar del hachís del Rif), todos los cuales han sido en una profunda recesión desde el inicio de la crisis financiera mundial de 2008.
Hoy en día, el Reino todavía puede financiar su déficit recurriendo a los prestamistas internacionales, pero las condiciones de estos últimos son cada vez más estrictas.
Pronto se requerirán recortes presupuestarios drásticos que pueden ser suficientes para desencadenar una “oleada de furia popular”.
Los levantamientos de 2011 --la “primavera árabe”-- han demostrado que el tiempo no está en el lado de las autocracias del mundo árabe.
Curiosamente, desde la invasión de Iraq por los Estados Unidos, los "regímenes laicos" están desapareciendo del mundo árabe.
Eso favorece a Mohammed VI y perjudica a Argelia que, en cambio, después de tantos años de soterrada guerra civil, está "vacunada" contra los "barbudos".
Si cae Siria --y no incluimos Chad, Niger y Malí en el "mundo árabe"-- nos quedará sólo un Estado laico: Argelia.
Políticamente, Argelia y Marruecos compiten por el favor estadounidense y es un secreto a voces que los saudíes financian a Marruecos.
La diferencia entre uno y otro la marca la autoridad religiosa de Mohamed VI y el dinero saudí.
¿Qué salida le quedará a Mohammed VI si sus dos aliados le fallan?
Venga, Pelayo.
Ya tienes noticia.